cultura pop

¿ Forever Young?

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El personaje Espinete, en un fotograma de la serie infantil de televisión “Barrio Sésamo”.

Enciendo la pantalla de mi ordenador y veo una noticia que me invade y remueve por dentro: “Viaje a la tumba de Espinete”. ¿Espinete? ¿ Qué ha pasado? ¿Qué ha sido de él?… Uno de los iconos de mi infancia ha sido encontrado en un vertedero. Esta noticia me produce una regresión a la infancia, porque después de tantas tardes delante de la tele, buscar a Espinete es explorar los recuerdos.

Ahora una tremenda melancolía y nostalgia invade mi ser. Sí, nostalgia, esa palabra tan de moda ,hoy en día, en las producciones audiovisuales. Está claro que la nostalgia nos engancha, pero ¿por qué ese afán por el pasado?.

La nostalgia, una emoción social

En primer lugar, debemos partir de la base que la nostalgia es una emoción social. Solemos sentir nostalgia con respecto a eventos personales significativos que incluyan a personas muy cercanas, como las Navidades o las vacaciones, o sentimientos que nos evocan ciertos olores, reencuentros u objetos. Sin embargo, la nostalgia tiene su función, ya que hace que nuestra vida tenga un sentido, relativizando los hechos presentes y poniendo en perspectivas los pasados. Además, nos anima y mejora nuestra autoestima. Usamos las experiencias del pasado para lidiar con los retos del presente.

Así pues, la nostalgia se ha terminado convirtiendo en una industria muy potente. Películas, series y productos remasterizados. En tanto todo lo que nos haga recordar que cualquier tiempo pasado fue mejor, tendrá también mejor venta. Está claro que la nostalgia vende y, eso, las empresas lo saben.

Desde otra perspectiva, el sociólogo y profesor de la UOC Francesc Núñez considera que nos afanamos por recuperar el pasado porque vivimos en un mundo incierto, cambiante, y buscamos anclarnos en un terreno de refugio simbólico.

Series como Stranger Things, con una magnífica ensalada de referencias al cine fantástico y la cultura pop de los años ochenta. En ese misma línea se encuentra Glow, esta ficción se presenta con una estética rompedora, un fascinante opening, repleto de luces de neón. Todo ello hace que gocemos de su música ochentera, la purpurina, los cardados y los calentadores contribuyendo, por una parte, a crear la ambientación y el tono de la serie. Snowfall nos trae otra cara de la década de los 80, muy alejada de los colores vibrantes de Glow. Esta producción de HBO nos presenta el ascenso de la cocaína y especialmente del crack al inicio de la década de los 80 en la ciudad de Los Ángeles, una época oscura que incluso recibió el sobrenombre de “la epidemia del crack”. No obstante, Snowfall también nos retrata su época haciendo un acertado uso de la fotografía y de la banda sonora.

5903170Asimismo, cabe destacar la inclusión de la moda noventera con ficciones como Todo es una mierda (‘Everything sucks!’) una producción audiovisual basada en los noventa que no llegó a cuajar, ya que no obtuvo renovación por parte de Netflix.

Por otra parte, Por trece razones, que está ambientada en la actualidad, pero usa un atrezzo muy característico y que evoca a la estética ochentera, con las cintas de cassette o las fotografías reveladas con cámaras Polaroid.

The Goldbergs 2Otro ejemplo, es la sitcom Los Goldberg, una comedia familiar que explota los referentes de los ochenta. Los Goldberg es un proyecto muy personal para Adam F. Golderg, el creador, que se inspiró en su propia familia para escribir los personajes. No es ningún secreto porque su apellido sirve de título, los padres y hermanos de la ficción se llaman como los suyos propios, se narra en primera persona y al final de cada capítulo se incluyen vídeos caseros que el propio Adam había grabado de joven.

En cuanto a producciones cinematográficas se detecta un incremento de remakes, adaptaciones o segundas partes de films míticos que invaden la taquilla. Por ejemplo Blade Runner (1982-2017), Los Cazafantasmas (1984-2016), Indiana Jones (1981-1984-1989-2008), It (1990-2017), Karate Kid (1984, 2010), El Equipo A (1983-87, 2010), Footlose (1984, 2011)… y muchas más que me dejo.

¿Por qué el fracaso de algunos remakes? Tal vez porque no se puede repetir o volver a imaginar una historia de los ochenta, en aquella época todo era distinto porque se comenzaba a disfrutar de la libertad, y la inocencia. Hoy en día con las nuevas generaciones nacidas en otra época copiar un éxito ochentero no es garantía de éxito, puede que no se entienda igual.

En la televisión, la eterna serie Cuéntame es un género en sí mismo y ha enganchado a millones de nostálgicos.

Carlos Reviriego, director adjunto de la Filmoteca Nacional, quien considera muy importante la “identificación cultural de la memoria histórica reciente”, pues apelar a la “nostalgia” es una tendencia que funciona en televisión.

1517412989_175454_1517413050_noticia_normal.jpgEsta concepción amable parte del guion, pilar sobre el que estructurar toda la obra y esencial para enganchar al espectador. En los guiones de aquellas primeras temporadas se supo afianzar un punto de vista y un estilo únicos, frescos y fuertemente anclados en la comedia dramática mediterránea. Cuéntame cómo pasó se ha convertido en la ficción semanal más longeva de la historia de TVE con 18 temporadas, y ha conseguido ser líder de audiencia durante la mayor parte de sus emisiones. En definitiva, Cuéntame es la fórmula perfecta para aprender historia desde el entretenimiento.

En la música, la nostalgia también está muy presente. Mi banda favorita de los ochenta es Los Secretos, el grupo del malogrado Enrique Urquijo. Los Secretos, alimentaron aquellos primeros tramos de la movida, en competencia con otros grupos como  Nacha Pop, Alaska y los Pegamoides, Radio Futura, Los Zombies, Los Rebeldes, Mamá… El primer disco de Los Secretos, me enamoró con títulos como: “Déjame” o  “Sobre un vidrio mojado”.

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Portal número 23 de la calle Espíritu Santo. Malasaña. Madrid.

Siempre cuando se cita a Los Secretos aparece el inevitable recuerdo hacia Enrique Urquijo, uno de los más brillantes nombres de aquella movida. Recuerdo cuando visité el portal donde falleció. La puerta pintada de un verde pálido, donde pude leer tres o cuatro mensajes escritos a rotulador: “Te recordaremos”, “He muerto y he resucitado”. Lo cierto es que, aún siendo lejano pasado, es leyenda viva, mecida  por esa nostalgia que forma parte de esa memoria sentimental que nos trae la música de ayer.

Ahora mismo me encuentro escuchando una playlist de Spotify llamada All Out 80s, repleta de temazos de Cindy Lauper, Alphaville, Starship, Belinda Carlisle, A-ha, The Police, etc. Me ayuda a reflexionar, aunque con tanta emotividad, morriña y nostalgia acumulada es una tarea ardua, discernir un buen producto audiovisual. Lo cierto es que la cultura pop de los ochenta y noventa tiene magia, puedo asegurar que en mi ser no hay nada que me provoque una mayor atracción y que agite más emociones que todo lo relacionado con sintetizadores y luces de neón. Donde la imaginación no tiene limites y el poder se encuentra dentro de uno mismo. Y sinceramente, dejando de lado los análisis empíricos, me dejo llevar por esa ola de nostalgia, y cada vez que me sumerjo en el mundo retro, me reconforta, haciéndome creer que todo es posible, inyectándome una dosis de imaginación, esperanza y positividad, que tan necesarias son en el mundo en el que vivimos. Conecto con mi yo del pasado, volviendo a reencontrarme con esa niña que destilaba inocencia e ingenuidad.

Por Mari Carmen Blanco Peris

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Cine posmoderno

TIM BURTON: A veces, aún bailo bajo la nieve…

movieposter“A veces, aún bailo bajo la nieve” con esta sublime frase termina la película que para algunos es la obra maestra de Tim Burton, Eduardo Manostijeras. Posiblemente lo mejor que haya escrito y dirigido el cineasta californiano. Una película que Burton escribió junto a Caroline Thompson narrando la historia de Edward, el cuento de Frankenstein bajo la mirada del director de Beetlejuice. De todos, hubo dos títulos que le impresionaron excesivamente, Frankenstein (1931) y La novia de Frankenstein (1935), ambas dirigidas por James Whale. Burton rememora el mito de Frankenstein y en muchas de sus películas, ya sea directa o indirectamente, consciente o inconscientemente.

No siempre es tan evidente como en Frankenweenie o Eduardo Manostijeras pero existen conceptos (creador y criatura, padres e hijos, el regreso de la muerte) y elementos estéticos que se repiten una y otra vez. Frankenweenie supone una recaída en esa obsesión por el mito de Frankenstein del que se impregnó a través de la adaptación que James Whale basada en la novela de Mary Shelley. Su sello personal es contar historias de seres inadaptados, rechazados por la sociedad por su aspecto o su carácter.rich_frankenweenie_header_mobile_aa62583b

 

Burton no duda en plantear inicialmente una puesta en escena prácticamente clasicista fundamentada en lo que se denomina “ dualidades estéticas”, es decir, un espacio de normalidad enfrentado a la amenaza del movimiento, de lo que escapa a las leyes de lo razonable, creando un marco reconocible para el espectador, la estructura genérica, que será puesta patas arriba por completo, es una de las virtudes del director: transgredir el género desde el propio género. Seres que se van convirtiendo en el eje central del relato, Jordi Costa resume esta idea cuando afirma que:

En Eduardo Manostijeras no hay nada gratuito. La forma es el fondo. Tim Burton recupera un método de trabajo por desgracia demasiado olvidado por la mayoría de realizadores contemporáneos: el contenido del filme determina cada uno de sus elementos y respondiendo a esta cabal plástica del relato.

Como eje central de Eduardo Manostijeras, Kim Boggs, es la hija del matrimonio que acoge a Eduardo, interpretado por Winona Ryder. Eduardo_Manostijeras-612931465-largeSu papel resulta fundamental, pues ella es la narradora de toda la historia, esa anciana que en la secuencia inicial se dispone a contarle a su nieta el origen de la nieve que aparece cada Navidad, con lo que Burton nos introduce en el mundo de los cuentos. De manera que la ficción representada se muestra creíble, consiguiendo que quede justificada “la mezcla de tiempos y espacios, radicalmente enfrentada a cualquier percepción de realismo pero sobradamente verosímil” en el marco del cuento popular.

El otro personaje encargado de transgredir el género es Eduardo Manostijeras, interpretado por Johnny Depp. cabecera-20.jpgEl rol que asume es el de un monstruo inocente, el príncipe hermoso, recluido en un cuerpo atroz, una criatura de cuento mágico. En definitiva, un luchador contra la intolerancia cuya intervención estética en una comunidad cerrada y conservadora supone su exilio eterno. En este ser hay un cumulo de referencias intertextuales a través de la mirada personal del director, el cual convierte al terrible monstruo de la tradición cinematográfica en una especie de mártir redentor de la hipocresía humana.

Lo cierto es que Eduardo no es como Frankenstein, aunque tienen en común la creación de vida artificial. De la misma manera, es preciso señalar la íntima relación existente entre el personaje de Eduardo y Pinocho, la marioneta creada por Geppetto, en donde se nos presentan las aventuras de una marioneta obsesionada en convertirse en un niño de carne y hueso. Por último, una gran referencia para contextualizar a Eduardo: hay que mencionar a La Bella y la Bestia, en donde Bella es secuestrada por la Bestia y llevada a los dominios del monstruo. Un lugar extraño y siniestro en donde la hermosa joven pasará del rechazo al terrible ser, a enamorarse de él. Burton toma estas influencias como punto de partida para contextualizar al personaje dentro de un marco de referencias que son parte del conjunto cultural de la sociedad contemporánea.

Para finalizar esta pequeña reflexión sobre la construcción del universo fantástico de Tim Burton, es necesario destacar su gran interés por el Expresionismo alemán. Desde sus comienzos, el cineasta demostró ser un fiel seguidor del movimiento expresionista, por lo que desde sus primeras obras mostró mucho de esta herencia en sus trabajos, innumerables referencias están presentes en sus obras. Entre los homenajes mencionados están los siguientes: los paisajes urbanos de ‘Metrópolis’ en ‘Batman Returns’, las sombras en la pared de ‘El Gabinete del Doctor Caligari’ en ‘La novia cadáver’, y similaridades en el peinado de Christopher Walken interpretando a Max Shreck (un tributo al nombre del actor de ‘Nosferatu’) con el de Rotwang en ‘Metrópolis’.

Otra característica que destaca notablemente en el film es su protagonista, Edward. Este personaje está claramente inspirado en el sonámbulo Cesare de El Gabinete del Dr. Caligari. Cesare es un personaje muy interesante en el cual se han basado prácticamente todos los personajes masculinos de Burton. Pero el caso de Eduardo Manostijeras es donde más patente se ve esta influencia. Estéticamente los dos personajes van caracterizados prácticamente igual con el maquillaje blanquecino y la mirada muy remarcada y expresiva, e incluso lucen ropas parecidas. Además no solo en lo estético se asemejan, sino que sus actuaciones y sus gestos son muy similares.

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En definitiva, Tim Burton ha conseguido combinar rasgos del expresionismo alemán en el cine actual. Todo ello consigue crear el universo burtoniano, que en la actualidad aporta una especial  peculiaridad dentro del  convencionalismo del séptimo arte.

BIBLIOGRAFÍA

9788437631547

Por Mari Carmen Blanco Peris

Series

STRANGER PEAKS: Un relato sobre dos mundos



 

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 No se si será porque “se acerca el invierno”, o que el calor de un quince de julio me está pasando factura, pero en estos tiempos estivales recorre por todo mi ser una sensación de nostalgia y recuerdo de un tiempo pasado, que seguro fue mejor. Un verano mágico y lleno de añoranza es el que nos hizo vivir el año pasado la serie Stranger Things. No puedo dejar de extrañarla fue breve pero tan intensa. A la producción de Netflix le ha bastado con una temporada de ocho capítulos para dejar huella en el corazón de muchos espectadores, y, porque no decirlo, crear fans acérrimos, a través de esa magnífica ensalada de referencias al cine fantástico y la cultura pop de los años ochenta.

Stranger Things durante sus ocho capítulos se pueden cazar decenas de guiños ochenteros con dos pilares básicos en la serie como son Steven Spielberg y Stephen King.

La serie evoca a Spielberg en la ambientación de esa América de barrio de adosados cerca de la naturaleza, las familias de clase media enfrentadas a lo fantástico y la inocencia como medio de supervivencia. Con E.T. la serie cita constantemente, en vez de un extraterrestre, hay una niña con poderes a la que también persiguen científicos y agentes del gobierno malvados de los que huye con sus amigos en bicicleta. Los Goonies es otra referencia que se distingue fácilmente en cuanto vemos a la pandilla de niños con bici. Además la trama, por otra parte, comienza como la de Poltergeist, con ese niño perdido en otra dimensión que se pone en contacto con su madre.

El otro gran pilar de la serie es Stephen King. Un homenaje a las portadas originales de sus libros, clásicos de la década de los ochenta, ya que utilizan (casi) la misma letra. Además el grupo de niños que dejan de serlo tras combatir con lo sobrenatural también es marca del escritor King. Si hablamos de niños luchando contra criaturas y monstruos en pueblos pequeños, a los que además persiguen los abusones del colegio, nos viene a la mente películas como IT ( Eso).

Después de realizar un breve recorrido por las referencias más nostálgicas de Stranger Things , deseo aportar una nueva interpretación y lectura del texto fílmico explorado.

¿Os suena de algo el nombre de Laura Palmer, el café RR Diner o la Logia Negra?. Twin Peaks, la serie por excelencia está de vuelta y con ella todo ese mundo creado por David Lynch. Revisando las dos primeras temporadas, el filme Fuego camina conmigo y la actual tercera temporada. La serie tiene la magia de sus personajes, la rareza en el ambiente, el encanto absurdo de cada escena, la belleza que horroriza y el trasfondo de investigación policial que mantiene el hilo en lo que realmente es, y siempre ha sido, un relato sobre dos mundos.

Así es, dos mundos, como los dos mundos creados por los hermanos Duffer en Stranger Things. ¿Casualidad? no existen las casualidades en la ficción audiovisual, todo tiene un significado. Puede que nos encontremos ante una nueva referencia, inspiración o guiño a Twin Peaks , de una forma menos directa y más entrelineas.

Existen algunas similitudes entre ambas series, desde personajes peculiares que viven en un pequeño pueblo estadounidense en el borde de un denso bosque que oculta un portal a una dimensión paralela amenazadora y amenazante, y deben enfrentarse a lo sobrenatural. Otro elemento que une a ambas ficciones es su estética sonora. Esos sintetizadores, tan reconocibles de Stranger Things en su tema central y la canción de Laura de Twin Peaks compuesta por Angelo Badalamenti se complementan a la perfección. También hay un vínculo entre la tipografía de ambos openings. La tipografía utilizada para el logo de Stranger Things fue diseñada por Ed Benguiat, el mismo diseñador responsable de los títulos de apertura de Twin Peaks.

Todas estas semejanzas y referencias quedaron totalmente afirmadas en el final de las dos ficciones. La segunda temporada de Twin Peaks cierra con un plano final en el que se ve al agente Cooper frente a un espejo y el reflejo de Bob, el asesino. Ese mismo plano también es recreado en Stranger Things en el momento en el que Will se mira en el espejo del baño, podemos observar cómo expulsa una babosa muy pequeña cuando tose. Las dos escenas confluyen abriendo la puerta de otra dimensión, universo o mundo paralelo.

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Resumiéndose en el hecho de que las aventuras tienen lugar en dos ámbitos distintos, “Logia Negra” y el “ Mundo del revés” versiones malvadas y oscuras de la realidad. Aunque separados, estos mundos están conectados a través de un portal, uno que casi nadie conoce. La existencia de este portal se mantiene oculto al público, aunque les afecta de muchos modos.

Como conclusión, estos paralelismos podrían ser deliberados para representar la dicotomía entre el héroe y el antagonista, entre el bien y el mal. Ese otro lado que tienen en común Twin Peaks y Stranger Things es una especie de espejo oscuro de nuestra realidad. En suma, la dualidad es la clave de las dos ficciones.

Por Mari Carmen Blanco Peris

Cine clásico

Lobos con piel de cordero

 

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¿Por qué La noche del cazador?…por muchas razones, pero la principal y la que me parecía más apropiada compartir con vosotros es porque permite la confusión entre el bien y el mal, lo verdadero y lo falso y descubrir la máscara de la impostura, todo lo que hay detrás de las apariencias, es un reclamo que Charles Laughton lanza como desafío en el filme.

Mezcla de géneros cinematográficos fantástico, terror, cuento o fábula, cine negro, western o de aventuras.

Los tres personajes que confluyen el relato son los hermanos John y May, la señora Cooper que abarcará el rol de salvadora y protectora de los niños y por último, y en el que nos centraremos es el predicador Harry Powell.

 

El predicador Harry Powell, interpretado por Robert Mitchum, lleva tatuado en sus nudillos las palabras HATE (odio) y LOVE (amor), y esa dualidad (lo bueno/lo malo, la luz/la oscuridad) va a marcar toda la película. En la figura de Powell encontramos un claro reflejo de esta construcción binaria. Por un lado, la criatura maléfica que ven los niños y por otro lado, Powell también es un flautista de Hamelin” que los adultos reciben como un bondadoso predicador.

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Harry Powell aparece con un fuerte contraste de luces y sobras que provoca que no se le vea el rostro y se deshumanice.

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Los encuadres abiertos muestran los espacios que se convierten en un entorno misterioso, siempre amenazante . Todo está demasiado lejos de nosotros, se presenta como algo inaccesible , en el que no podemos intervenir. Acaba siendo pues una experiencia agotadora, frustrante.

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Movimientos de cámara en los que  se aprecia una panorámica horizontal hacia la derecha, dirección dónde se encuentra la barca. Por tanto, el meganarrador rompe la transparencia enunciativa. El movimiento de la cámara es hacia la derecha, parece querer indicar dónde se encuentra el bien, la salvación. Es muy revelador este movimiento ya que en toda la secuencia los planos son fijos.

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Posición de los personajes: El combate del bien y el mal. El predicador aparece en el lado izquierdo de la imagen y John en el lado derecho creando una composición simétrica. Ese posicionamiento de los personajes no es casual. Si recordamos lo visto hasta ahora, Powell se presentaba con los puños tatuados. En la mano derecha, representaba el amor y el bien, y en la mano izquierda el odio y el mal. El juego de metamorfosis y de trueques entre el personaje y su correspondiente máscara se torna un juego en la relación que establecen Powell y el pequeño John como se puede apreciar en esta secuencia.

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La mayoría de las veces el predicador se muestra en el centro de la imagen como jugando siempre entre esa dualidad antes explicada. Esa manera de situarlo acaba siendo un modo de que no nos olvidemos de la balanza, de la lucha entre los opuestos, de que tengamos presente que en el fondo es un equilibrio imposible pero real, y que las dos fuerzas están ciertamente presentes.

 

 Simbología de fábula: Lobos con piel de cordero. Primer rostro del predicador, donde se nos muestra gritando como una bestia herida, como un lobo que ha perdido su presa.

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“Desconfiad de los falsos profetas que se cubren con pieles de cordero pero que en su interior son fieros como lobos.”Así nos advierte la señora Cooper al comienzo de la película

Pero si extendemos esa ambigüedad que predomina en el relato no sabemos realmente quien de los dos es el verdadero cazador.

 “Powell busca un tesoro; John busca un padre: ambos van de caza (Del mismo modo el predicador se convierte en un niño obsesivo a la caza del tesoro y al pequeño John en el adulto que debe proteger a su hermana)”. Gèrard Lenne

El viaje en barca está repleto de simbolismo onírico.

Con un extraordinario plano cenital que nos transmite una presencia omnipresente en la historia que lo observa todo desde arriba. Nos translada al universo onírico de los cuentos infantiles, con toda esa imaginería de animales, propios del universo de los hermanos Grimm que nos remite a la psicología del miedo infantil, tan arraigada en los cuentos populares.

 Elementos comunes con los cuentos de hadas, un conjunto de mitos y fábulas aparecen como referenciales narrativos en La noche del cazador. Fabulas maléficas y versículos bíblicos. Evoca a Hansel y Gretel, el Hombre lobo, el Ogro, El hada madrina, el bosque misterioso y el río encantado con los animales de fábula.

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 La verdadera fuerza expresiva en este caso procede de la puesta en escena. Laughton propone una puesta en escena en el terreno de lo mágico y de la fantasía conservados por un tapiz de realidad mental y exaltados hasta el delirio. La fotografía de Stanley Cortez, un fotógrafo que había trabajado con Orson Welles en “El cuarto mandamiento” y que es capaz de aportar a la película esa atmósfera expresionista que tiene. En definitiva, es un ejercicio de poesía visual.

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 La música extradiegética de Walter Schumann, cada una de las composiciones lleva a una narración mágica de la historia . Acentúa la tensión y tiene como función cambiar el ritmo de la secuencia. Música diegética con la niña acariciando su muñeca y cantando “Érase una vez”.

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El filme está repleto de referencias que nos remite a esa geometría de lineas y espacios de “El gabinete del doctor Caligari” . Además a las sombras y claro oscuros de ese teatro de sombras y deambulaciones oníricas representados en el filme de Murnau, Nosferatu.

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“Todo el universo diegético está construido sobre la figura del doble. Dos hijos, niño y niña, dos figuras paternas, una real y otra diabólica, dos figuras maternas, una real y otra angelical. Todo en este filme son dobles figuras que se entrecruzan como las manos del predicador en cuyas falanges lleva las palabras love y hate, amor y odio.

Domenech Font.

 Para concluir, Laughton organiza todo un universo diegético a través de la dualidad ( el bien y el mal, hate y love, luz y oscuridad). Empleando dos representaciones narrativas que se remontan a los comienzos cinematográficos. Por una parte, la composición del cine de Griffith, y, por otra parte, hacia ese teatro de sombras y deambulaciones oníricas de Murnau. Todo en la película tiene un objetivo, nada es casual, cada plano, cada apunte musical, cada fotografía, cada gesto, cada encuadre, todo tiene una razón de ser que podemos descubrir con facilidad. Obra inclasificable, conmovedora, a la vez mágica y poética. En una palabra: ÚNICA.

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Por Mari Carmen Blanco Peris.